jueves, 16 de septiembre de 2010

Locomoción articulada

Atrás quedan los tiempos en que valerosos caballeros cruzaban los caminos a lomos de sus corceles. Eran tiempos duros, pero hoy se reviven con nostalgia, esa nostalgia que despierta la imaginación, en un mundo por descubrir, llenos de misterios y aventuras.
Hoy en día, sin embargo, nos encontramos con carreteras asfaltadas por las que nos apresuramos para no perder ni un segundo en el trayecto, expulsando hediondos gases que sabemos que nos perjudican a nosotros mismos.
Reviviendo estos pensamientos me he encontrado con una curiosa idea. Ahora que parece que las motos de trial están menos de moda, y lo que “molan” son los quads, no dejo de preguntarme por qué elegimos estos medios de transporte sobre el tradicional caballo.
Entiendo que si nos olvidamos de la parte animal del caballo (me refiero a la alimentación y excreción), el caballo también cumpliría con los requisitos de moverse por el campo, fuera de zonas asfaltadas, y proporcionar esas emociones fuertes que puede darte un acelerón o salto al final de una pendiente.
Sin embargo, el caballo todavía llega más allá, ya que no necesitas necesariamente un camino o sendero, y sobre todo, permite avanzar por terrenos irregulares de manera más fluida de lo que lo harían las ruedas de un ingenio a motor.
Y entonces surge la idea: ¿por qué no construir un medio de transporte con las ventajas de la locomoción animal? Tendríamos todas las ventajas del caballo, pero eliminando el problema del animal en sí.

No dudo de que sería posible construir un caballo mecánico a gasolina, que permitiera realizar maniobras parecidas a las que estos animales son capaces de hacer. Sin embargo, me parece que un proyecto así presenta demasiados problemas, sólo por el hecho de tratar de emular aspectos que quizá no serían necesarios para el objetivo propuesto: coordinación entre patas, equilibrio, fuerza propulsora, etc.

Según la eminente wikipedia, “El Segway Personal Transporter (Segway PT - trasportador personal) es un vehículo de transporte ligero giroscópico eléctrico de dos ruedas, con autobalanceo controlado por ordenador”.
¿Y si uniésemos estos dos conceptos en uno solo? Tendríamos un transporte ligero, con las ventajas del movimiento animal.
La idea sería una base de tipo hexápodo u octópodo, mas el ya conocido control del segway: esa barra horizontal que inclinándola hacemos avanzar el dispositivo.

En la figura de la derecha podéis ver a qué me refiero. Esta imagen no es más que el resultado de jugar unos minutos con el paint, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. He unido dos imágenes de un hexápodo (bricogeek.com) y un segway (planetagadget.com).

A partir de aquí podemos pensar sobre si es más práctico con patas largas o cortas, cuál será la velocidad máxima, si es necesario o no control sobre las patas, o si quizá sería mejor otra disposición para un deslizamiento más amable.

Me imagino ahora, paseando por los verdes prados, contemplando la naturaleza sin apenas perturbarla, avanzando con un simple balanceo de mi cuerpo, hasta llegar al mirador donde los sueños de ideas imposibles se convierten en realidades cotidianas.

domingo, 5 de septiembre de 2010

La galleta de Arquímedes

Como cada día, mi despertador sonó. Otra vez debía levantarme para ir a trabajar. Otra vez pensé: “Tengo que empezar a acostarme antes, esto no puede seguir así”. Conseguí despegarme de la cama que me atraía hacia sí como un agujero negro en el que el tiempo casi no existe, y me arrastré hacia la ducha.

Tras unos minutos en el limbo que separa este mundo del onírico, decidí que debía comenzar a moverme, si no quería llegar tarde al trabajo.
Como todos los días, me vestí, y me dirigí hacia la cocina, Y me preparé la mesa para mi desayuno estándar…

Y sin saber cómo, mientras sumergía una de mis ocho galletas de mi pre-programado desayuno, se apoderó de mi una idea, que creció en un tiempo casi nulo, y grité: “¡Eureka!”. Acababa de comprender el principio de Arquímedes.

El principio de Arquímedes, según la wikipedia, dice que “un cuerpo total o parcialmente sumergido en un fluido en reposo, será empujado con una fuerza vertical ascendente igual al peso del volumen de fluido desplazado por dicho cuerpo”. En mi caso mi galleta.

Pero lo que me hizo gritar Eureka no fue el hecho de entender lo qué quiere decir esa frase. Lo que me hizo gritar fue el hecho de entender, de alguna manera, cómo entendió Arquímedes qué es lo que estaba pasando: Entender que simplemente, no podría ser de otra manera.

Desgranando un poco mis pensamientos, esto es lo que pensé:
-    Tenemos una galleta sumergida en líquido (supongamos que la galleta no absorbe el líquido, como haría en la realidad)
-    Para mayor simplicidad, imaginemos que la galleta está sólo parcialmente sumergida (o sea, que la tenemos agarrada)
 -    En esa situación, tenemos una parte sumergida de la galleta, y otra sin sumergir. Quedémonos con la parte sumergida
-    Si ahora digamos que por arte de magia, la galleta desapareciese, la leche “correría” a ocupar el espacio vacío que ha dejado la galleta. Esto no es nada nuevo.
-    Pero, ¿y si sustituyésemos la parte de la galleta sumergida por leche? En ese caso el vaso de leche quedaría en perfecto equilibrio ¿no?

Esto me hizo plantearme entonces, ¿qué fuerza está experimentando la galleta? ¿cuánta fuerza ejerce la leche sobre la misma? La solución es sencilla si sustituimos la parte sumergida de la galleta por leche. Llamemos a esta leche que ocuparía la parte sumergida de la galleta “leche galletosa”.
Bien, si la “leche galletosa” experimentase una fuerza hacia arriba mayor que el peso de esta “leche galletosa”, la “leche galletosa” subiría, y tendíamos una especie de géiser salido de la nada. Si sin embargo, si la fuerza fuese menor que el peso de la “leche galletosa”, se crearía un agujero en la leche.
 
Sin embargo sabemos que no es así, que la “leche galletosa” se quedaría exactamente al mismo nivel: que la fuerza que experimenta hacia arriba compensa exactamente su peso, y que por tanto, la fuerza que experimenta hacia arriba es exactamente igual a su peso.

Y ahora está todo más claro: ¿cuándo pesa la “leche galletosa”? Como hemos hecho cuando la hemos definido, la leche galletosa es la leche que sustituiría al espacio ocupado por la galleta dentro de la leche, o sea, el volumen sumergido de la galleta.
Así pues, la galleta recibe un empuje hacia arriba igual al peso del volumen de leche que ocupa.

Desafortunadamente, no había nadie allí para oír mi grito de Eureka, así que, un día más, terminé el desayuno y salí de casa a enfrentarme nuevamente al mundo. Ahora sí, esta vez tenía el estomago lleno de la sabiduría de Arquímedes.