Erwin Schrödinger planteó en 1935 un experimento imaginario conocido como “el experimento del gato de Schrödinger”. En él, plantea que la vida de un gato imaginario depende del estado de una partícula regida por la mecánica cuántica. De esta manera como es la probabilidad la que rige el estado de la partícula, también la vida del gato será regida probabilísticamente, y no se puede saber, a priori, mediante las leyes de la física, si el gato vivirá o morirá, hasta que se abra la caja que contiene todo el sistema.
¿Qué tiene que ver esto con la entrada de hoy? Bien, al igual que el gato, los aparatos electrónicos de mi casa pueden estar encendidos, apagados, o... quizá en un estado cuántico intermedio.
Y esto me ocurre a mí todos los días, cuando entro a casa. Nada más cruzar el umbral de la puerta me comienzo a preguntar si mi televisión estará encendida o apagada, si el TDT estará encendido o apagado, el DVD, la cadena de música, el ordenador, el monitor, las lamparitas del dormitorio...
¿Por qué me lo pregunto? La razón es sencilla: no están ni encendidos ni apagados, están... en un estado (¿cuántico?) intermedio. Y lo que no sé es cuánta energía consumen, aunque tengo la sensación de que más de la que me gustaría. Por ejemplo, la Wii, en estado apagado emite un inquietante zumbido, zumbido que desaparece si está en estado encendido, y por supuesto si está desenchufada (no voy a entrar en detalles sobre calidades de fabricación...).
Si os fijáis, encontramos en multitud de aparatos el símbolo
para indicarnos el botón de encendido y apagado. Bien, éste es el motivo de la entrada de hoy. Éste símbolo significa que el dispositivo entra en un estado de suspensión o baja energía, pero no significa apagado. El símbolo equivalente, pero que indica apagado total es este:
. Éste lo he encontrado en el lavavajillas, lavadora, vitrocerámica y ordenadores antiguos.
Y entonces me pregunto a mí mismo: ¿Qué sentido tiene que mi monitor o mi ordenador de sobremesa pase a estado de suspensión al apagarlo? ¿Cuánta energía consumen los interruptores inteligentes, esos que sólo hace falta tocarlos para que cambie la intensidad de la luz de la mesita de noche? ¿Realmente nos damos cuenta del derroche de energía que esto supone?
Una de las primeras preguntas es: ¿Por qué los fabricantes no nos ofrecen alternativas de estado off completo?
Respecto a los televisores y otros aparatos que se manejan con mando a distancia, puedo entender que es más cómodo dejarlo en estado de suspensión, para que directamente desde el sofá pueda encender la televisión. En los televisores antiguos, existía la posibilidad de apagarlo con el botón principal, o dejarlo en modo de suspensión (con el piloto rojo encendido). Hoy en día, cada vez es más difícil encontrar ese botón de apagado total.
Una vez localizado el problema, tenemos que analizar posibles soluciones. Por ejemplo:
- Fijarnos a la hora de comprar en qué estamos comprando, y si existen alternativas
- Utilizar regletas on/off, que aunque generalmente son feas, son efectivas. Además existen regletas que se activan con el mando a distancia de la televisión, de manera que pasaremos de tener varios dispositivos en estado de suspensión (televisión, TDT, DVD, Wii …) a tener sólo uno (la regleta activada con el mando).
- Utilizar fuentes alternativas para dar potencia a estos estados de “baja energía”. Como por ejemplo, una batería recargable que se recarga cuando la televisión está encendida, una placa fotovoltaica...
Así que pongámonos a ello, y exterminemos esta plaga de parásitos energéticos que nos están acorralando y nos obligan a pagar cada día más en la factura mensual de la electricidad.
¿Qué tiene que ver esto con la entrada de hoy? Bien, al igual que el gato, los aparatos electrónicos de mi casa pueden estar encendidos, apagados, o... quizá en un estado cuántico intermedio.
Y esto me ocurre a mí todos los días, cuando entro a casa. Nada más cruzar el umbral de la puerta me comienzo a preguntar si mi televisión estará encendida o apagada, si el TDT estará encendido o apagado, el DVD, la cadena de música, el ordenador, el monitor, las lamparitas del dormitorio...
¿Por qué me lo pregunto? La razón es sencilla: no están ni encendidos ni apagados, están... en un estado (¿cuántico?) intermedio. Y lo que no sé es cuánta energía consumen, aunque tengo la sensación de que más de la que me gustaría. Por ejemplo, la Wii, en estado apagado emite un inquietante zumbido, zumbido que desaparece si está en estado encendido, y por supuesto si está desenchufada (no voy a entrar en detalles sobre calidades de fabricación...).
Si os fijáis, encontramos en multitud de aparatos el símbolo
Y entonces me pregunto a mí mismo: ¿Qué sentido tiene que mi monitor o mi ordenador de sobremesa pase a estado de suspensión al apagarlo? ¿Cuánta energía consumen los interruptores inteligentes, esos que sólo hace falta tocarlos para que cambie la intensidad de la luz de la mesita de noche? ¿Realmente nos damos cuenta del derroche de energía que esto supone?
Una de las primeras preguntas es: ¿Por qué los fabricantes no nos ofrecen alternativas de estado off completo?
Respecto a los televisores y otros aparatos que se manejan con mando a distancia, puedo entender que es más cómodo dejarlo en estado de suspensión, para que directamente desde el sofá pueda encender la televisión. En los televisores antiguos, existía la posibilidad de apagarlo con el botón principal, o dejarlo en modo de suspensión (con el piloto rojo encendido). Hoy en día, cada vez es más difícil encontrar ese botón de apagado total.
Una vez localizado el problema, tenemos que analizar posibles soluciones. Por ejemplo:
- Fijarnos a la hora de comprar en qué estamos comprando, y si existen alternativas
- Utilizar regletas on/off, que aunque generalmente son feas, son efectivas. Además existen regletas que se activan con el mando a distancia de la televisión, de manera que pasaremos de tener varios dispositivos en estado de suspensión (televisión, TDT, DVD, Wii …) a tener sólo uno (la regleta activada con el mando).
- Utilizar fuentes alternativas para dar potencia a estos estados de “baja energía”. Como por ejemplo, una batería recargable que se recarga cuando la televisión está encendida, una placa fotovoltaica...
Así que pongámonos a ello, y exterminemos esta plaga de parásitos energéticos que nos están acorralando y nos obligan a pagar cada día más en la factura mensual de la electricidad.





